En 2020, compartimos con profunda nostalgia la noticia de la partida de Tilín, un babuino Hamadryas cuyo espíritu valiente marcó un hito en la protección animal. Tras haber sido rescatado por ADI en 2009 —en el marco de la histórica prohibición de animales en circos en Bolivia—, Tilín logró dejar atrás décadas de aislamiento para vivir sus últimos diez años rodeado de dignidad y de la compañía de su inseparable pareja, Tina.
De las cadenas al refugio
La vida de Tilín antes de su liberación fue un testimonio de resiliencia. Pasó casi 20 años encadenado por el cuello dentro de una jaula en un camión de circo, confinado junto a un grupo de leones. Mientras los felinos fueron trasladados a un santuario en California, el destino de Tilín se vio truncado inicialmente por regulaciones internacionales que impedían su entrada a Estados Unidos.
Ante la amenaza de un complot para arrebatarlo de nuestras manos en Bolivia, ADI actuó de emergencia trasladándolo a un lugar secreto. Finalmente, logramos volarlo al Santuario de Monos Lakeview en el Reino Unido, donde se construyó un hábitat específico para él y se financió su cuidado de por vida.
El encuentro que le devolvió su identidad
Aunque Tilín estaba a salvo, su bienestar no estaría completo en soledad. Tras una búsqueda global, encontramos a Tina, una joven babuino víctima del tráfico de mascotas exóticas que se encontraba en Chipre.
El momento de su unión, ocurrido años atrás, quedó grabado como uno de los más conmovedores del santuario. La expresión de Tilín al escuchar, por primera vez en su vida adulta, la llamada de otro de su especie fue inolvidable. Fue como si alguien que hubiese naufragado en una isla desierta escuchara, de pronto, otra voz humana. Se puso en pie, vibrando de emoción; finalmente, alguien hablaba su mismo idioma. Desde aquel instante, ambos —rescatados a más de 12,000 kilómetros de distancia el uno del otro— se volvieron inseparables.
Su partida en 2020
Al acercarse a los 30 años de edad, la salud de Tilín comenzó a declinar. En sus últimas semanas se mostró letárgico y con poco apetito. Siguiendo el consejo veterinario y con el fin de evitarle un sufrimiento innecesario, el santuario tomó la dolorosa decisión de despedirse de él.
Estamos profundamente agradecidos con todos los que hicieron posible que este magnífico ser conociera la libertad y, sobre todo, el compañerismo del que fue privado durante tanto tiempo. «Adiós, querido Tilín, nunca te olvidaremos».
Tras su partida, se le brindó a Tina el tiempo necesario para su duelo, con la promesa de buscarle un nuevo compañero para que, al igual que Tilín en su momento, no tuviera que volver a enfrentar la soledad.



















Deja un comentario