
La experimentación con animales surgió y se forjó en un momento histórico que difiere considerablemente del actual, donde los conocimientos en todo sentido eran escasos y los conceptos éticos y las metodologías tenían un desarrollo deficiente, por lo tanto desde sus orígenes, el uso de animales en experimentos desplaza y retrasa las oportunidades de métodos innovadores, más eficientes y éticos; además aumenta el potencial de errores, generando retrocesos médicos y científicos. Otro factor a considerar es que resultados relevantes para condiciones humanas se han logrado sin la necesidad de usar animales no humanos.
A pesar del hermetismo con el que se han manejado los datos sobre experimentación en animales, son diversos los reportes sobre la extrema crueldad y el maltrato que implican diversas pruebas con animales. Investigaciones encubiertas de ADI han demostrado que los animales usados en laboratorios carecen de condiciones dignas desde su nacimiento hasta su muerte. Hemos incursionado en criaderos de primates que son destinados a laboratorios, y hemos evidenciado instalaciones reducidas, hacinamiento y condiciones precarias. El elevado estrés por el hacinamiento y la manipulación constante causa peleas, prolapsos rectales, comportamientos estereotipados; son evidentes las heridas causadas por los materiales de las instalaciones y diarreas constantes, entre otras dolencias que afectan su salud y bienestar.
En los bioterios donde se reproducen roedores y conejos, principalmente, los animales nacen y crecen en diminutas cajas y jaulas metálicas, bajo ambientes controlados que carecen de naturalidad. Todo es artificial en sus vidas; luz, temperatura, alimentación, entre otras variables, y son sometidos a procedimientos rutinarios que incluyen extracción de sangre, inoculación, mediciones, entre otros. Los animales en los bioterios están sentenciados al cautiverio perpetuo, al abandono de los entes de control, y a ser parte de procedimientos que atentan contra su integridad, omitiendo su valor y reconocimiento como seres sintientes que tanto a nivel legislativo como jurisprudencial ha sido confirmado y reiterado en Colombia.
El principal problema de la experimentación en animales consiste en que cada especie responde diferente a medicamentos y a otras sustancias; de esta manera las pruebas con animales no son confiables, no predicen con exactitud lo que sucederá en los humanos y pueden resultar inseguras para la salud humana por tres factores principales que Akhtar[1] describe en 2015:
1) el entorno del laboratorio y otras variables tienen efectos en los resultados del estudio, 2) las discrepancias entre enfermedades modeladas en animales y enfermedades humanas y 3) diferencias entre especies en cuanto a fisiología y genética.
La baja capacidad de extrapolación de resultados obtenidos en animales no humanos a humanos se refleja en las siguientes cifras generales: en 2004, la FDA (US Food and Drug Administration – Administración de Alimentos y Medicamentos, agencia gubernamental de Estados Unidos, que regula alimentos y medicamentos, entre otros), estimó que el 92 por ciento de los medicamentos que pasan las pruebas preclínicas, incluidas las pruebas «fundamentales» con animales, no llegan al mercado.
Un análisis más reciente sugiere que a pesar de los esfuerzos para mejorar la previsibilidad de las pruebas con animales, la tasa de fallas ha aumentado y ahora está cerca del 96%. Las principales causas de las fallas son la falta de efectividad y problemas de seguridad que no fueron previstos por las pruebas con animales. Otra cifra preocupante es presentada por Garner (2014)[2], al señalar que según revisiones recientes de la FDA a gran escala, la industria internacional y conjuntos de datos públicos indican que las tasas de fallas de fármacos al entrar a pruebas humanas oscilan entre aproximadamente el 80% y el 97%, dependiendo del área terapéutica, con un promedio de aproximadamente el 90%.
Por otra parte, dos evaluaciones importantes de compañías farmacéuticas, una hecha por Amgen y otra por Bayer, mostraron que los estudios de investigación basados en animales eran reproducibles en solo el 11% de 53 proyectos.
La consideración de estas cifras, debería replantear la forma en que se están abordando dichas pruebas, y teniendo en cuenta que existen alternativas, el llamado es a que los gobiernos, los investigadores y los financiadores se concentren en la obtención de alternativas y la aplicación de las ya existentes para evitar el uso de animales en laboratorios y para obtener resultados 100% aplicables a los humanos, mejorando así la eficiencia y eficacia de los productos.
En adición a los factores enunciados anteriormente, la falta de rigor científico y sesgo en las publicaciones deben ser tenidos en cuenta. Los resultados de un estudio realizado por Vogt et al (2016)[3], indican que los experimentos con animales a menudo se autorizan basándose en la confianza en lugar de la evidencia de rigor científico, lo que puede comprometer la validez científica e inducir un daño innecesario a los animales causado por una investigación no concluyente. Gosselin (2021)[4], afirma que la validez de las publicaciones preclínicas se pone en duda debido a la tolerancia a estadísticas poco sólidas, incluida la falta de transparencia en los informes. En su investigación, el autor reportó que informes no transparentes se documentaron sistemáticamente en 223 artículos publicados en 2019 en 16 revistas.
Por su parte Andrews et al. (2016)[5], mencionan que es posible que el sesgo experimental no sea intencional y, a menudo, es el resultado de una escasa validez interna, que en última instancia impide que el científico atribuya correctamente un efecto observado a un tratamiento o intervención en particular. Por lo tanto, la validez interna es extremadamente importante tanto para los científicos que buscan generar hipótesis basadas en datos confiables como para los científicos que buscan probar hipótesis reportadas en la literatura. Según Andrews et al. (2016), el sesgo en publicaciones se presenta cuando: se prioriza la publicación de resultados positivos sobre los negativos, no se reportan todas las guías de manejo de animales usadas, se publican valores promedio y no la variabilidad de todas las respuestas y su relevancia biológica, no se publican los cálculos usados para determinar el tamaño de la muestra del grupo, no muestra el criterio de elección y multiplicidad, entre otros factores.
Además de las consideraciones técnicas que cuestionan el uso de animales en experimentos en la época moderna, han surgido una serie de conceptos, incluyendo aquellos éticos y morales que refuerzan la premisa y urgencia de reconsiderar los paradigmas científicos respecto a la experimentación animal.
En términos de bienestar animal y generación de resultados relevantes para humanos, el reemplazo con métodos alternativos que eviten el uso de animales representa el escenario ideal hacia el cual todos los esfuerzos deberían apuntar; aunque se han evidenciado avances en cuanto al desarrollo de alternativas que reemplacen el uso de animales en pruebas, aún no son suficientes y deficiencias en su validación y aplicación no han permitido un uso masivo.
Desde hace varios años se han establecido organizaciones internacionales para desarrollar técnicas alternativas que eviten la experimentación con animales, por ejemplo el Centro Nacional para el Reemplazo, Refinamiento y Reducción de Animales en la Investigación (NC3R), el Centro Europeo para la Validación de métodos alternativos (ECVAM), el Comité de Coordinación Interinstitucional sobre la Validación de Métodos Alternativos (ICCVAM), Federación de Universidades para el Bienestar Animal (UFAW), Centro de Alternativas a la Experimentación con Animales (CAAT), y alternativas como simulaciones in silico e informáticas, modelos de cultivo celular en 3D y órganos en chips, medios de cultivo microbianos sin productos de sacrificio animal, pruebas no invasivas e indirectas han sido desarrolladas (Rai & Kaushik 2018)[6].
Thomas Hartung (2018)[7], director del CAAT, afirma que el principal obstáculo para el desarrollo de nuevos modelos sin animales es la dependencia excesiva que prevalece en el valor de los procedimientos basados en animales como fuente de información en las ciencias de la vida; mientras los investigadores crean que no pueden producir las publicaciones de alto nivel necesarias para mejorar su carrera sin un nuevo ratón genéticamente modificado, muchos investigadores elegirán experimentos con animales.
Respecto a la validación de un método alternativo, Martínez-H. (2021)[8], sostiene que es un procedimiento largo que garantiza su validez en comparación con el método tradicional con animales; según ella, en ocasiones los investigadores argumentan que no pueden utilizar métodos de reemplazo porque no están validados, pero en investigación básica o aplicada no es necesario que todos los experimentos lo estén: la validación solo es necesaria a nivel regulatorio. Martínez-H. (2021) precisa que a pesar de los esfuerzos que se realizan para difundir el concepto de métodos alternativos y especialmente de reemplazo, los investigadores continúan con la idea errónea de que el “Gold standard” es la experimentación con animales, siendo menos relevantes los estudios que se realizan sin animales. Esta concepción afecta considerablemente la implementación de las alternativas existentes y el desarrollo de nuevas.
Recientemente en los Estados Unidos la FDA, eliminó el requisito de utilizar estudios con animales como parte del proceso para obtener una licencia para un producto biológico que sea biosimilar o intercambiable con otro producto biológico.
Además permite alternativas a las pruebas con animales para fines de aplicaciones de medicamentos y productos biológicos, incluyendo los casos en los que sea obligatorio por ley antes de realizar ensayos clínicos con humanos. Es decir que se autoriza el uso de ciertas alternativas a las pruebas con animales, incluidos los ensayos basados en células y los modelos informáticos, para investigar la seguridad y eficacia de un medicamento.
En diciembre de 2022 el presidente de Estados Unidos en ese entonces, Joe Biden, firmó la Ley de Modernización de la FDA. Esto permite a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) autorizar alternativas a las pruebas en animales aplicadas a medicamentos y productos biológicos, lo que significa que los desarrolladores de medicamentos pueden optar por usar métodos avanzados de pruebas sin animales antes de los ensayos clínicos en humanos. Este es un cambio significativo porque desde 1962, la FDA ha requerido pruebas en animales antes de los ensayos en humanos.
El cambio de paradigmas ha iniciado y Colombia podría estar del lado correcto de la historia
Por esa razón desde ADI solicitamos que:
- se fortalezca el desarrollo, la validación e implementación de métodos alternativos a las pruebas con animales.
- se elimine el requisito de utilizar pruebas con animales para investigar la seguridad y la eficacia de medicamentos y productos biológicos, antes de realizar ensayos clínicos con humanos, tal como lo está haciendo la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA), en su proceso de modernización.
- de forma coordinada con todos los entes competentes, se creen estrategias reales que contribuyan a la eliminación gradual de estas prácticas que además de ser crueles con los animales, han generado errores y retrocesos a nivel médico y científico.
[1] Akhtar, A. (2015). The flaws and human harms of animal Experimentation.
Cambridge Uquarterly of Healtcare Ethics, 24, 407-419.
doi:10.1017/S0963180115000079
[2] Garner, J.P. (2014). The Significance of Meaning: Why Do Over 90% of Behavioral
Neuroscience Results Fail to Translate to Humans, and What Can We Do to Fix It?
Institute for Laboratory Animal Research. Vol 55, Number 3. doi: 10.1093/ilar/ilu047
[3] Vogt, L., Reichlin, T.S., Nathues, C. & Würbel, H. (2016). Authorization of Animal
Experiments Is Based on Confidence Rather than Evidence of Scientific Rigor. PLoS Biol
14(12): e2000598. doi:10.1371/journal.pbio.2000598
[4] Gosselin, R.D. (2021). Insuficient transparency of statistical reporting in preclinical
research: a scoping review. Nature Portafolio. 11:3335. https://doi.org/10.1038/s41598-
021-83006-5
[5] Andrews, N., Latrémolière, A., Allan I.; Mogil, J., Porreca, F., Rice, A., Woolf, C., et
al. (2016). Ensuring transparency and minimization of methodologic bias in preclinical
pain research, PAIN: April 2016 – Volume 157 – Issue 4 – p 901-909 doi
10.1097/j.pain.0000000000000458
[6] Rai, J. & Kaushik, K. (2018). Reduction of Animal Sacrifice in Biomedical Science &
Research through Alternative Design of Animal Experiments. Saudi Pharmaceutical
Journal. 26 896-902.
[7] Hartung, T. (2018). Research and Testing Without Animals: Where Are We Now
and Where Are We Heading?Animal Experimentation: working towards a paradigm
change. Part 7. Page 673.
[8] Martínez –H, M.P., (2021). ¿Existen alternativas a los experimentos con animales?
Rev Bio y Der. 51: 81-97

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